Scaremongering
x Rabensteiner, 19.Jun.08

Mi paredro pasó la semana maniobrando entre dos PC y una notebook para hacer interactuar un XP, un 98 y un Ubuntu. Entre tanto virtual desktop y rabanitos de LAN sucedió algo extraño en la que reserva para uso más o menos público: documentos e incluso fotos comenzaron a aparecer y desaparecer en las carpetas personales y en el escritorio. Imágenes y textos que según pesquisa ninguno de nosotros había visto en su vida (ni nosotros ni mi paredro, según dice, y nosotros le creemos). Sobra mencionar que fueron docenas las conjeturas que manejamos al respecto durante toda la semana.

Bajo estas condiciones y con "Idioteque" de Radiohead sonando pasó que Kullich cantó muy a la Yorke el verso:

This is really happening, happening.

Y Kaminer, extemporáneo y como si sostuviera una barca en una mano y un calderón en la otra, le contestó:

—No.

—Oh sí —insistió Kullich.

—Oh no —insistió Kaminer y a continuación, muy teatralmente, abrió uno de los .doc fantasma y sin siquiera leer el título dio la orden de impresión: El multifunción movió ruidosamente sus cabezales durante unos diez segundos pero la hoja que expidió estaba completamente en blanco—. No es que no imprime nada, Kullich. Pasa que lo que imprime es eso: nada.

—Oh, no —se lamentó Kullich y muy asustado cerró y borró el archivo.

Lo mismo sabemos, resignados, que en cualquier momento otro punto doc u otra foto volverá a aparecer nonato por ahí.

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The sofa in San Tropez
x Rabensteiner, 12.Jun.08

And I pause for a while
By a country style
And listen to the things they say.
Diggin' for gold
With a hoe in my hand.
Open a book
Take a look at the way things stand.

Roger Waters: "San Tropez" (en Pink Floyd: Meddle, 1971).

Jugando al jazz: apenas una tecla que otra, notas sueltas, desperdigadas en el compás para sobrellevarlo redondo, y terminar con la boca cerrada pero entonces sí sobre del piano, ejecutando de veras hasta el fade out. Reach for a peach, sangrando.

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Un pelícano, Racak
x Puck, 01.Jun.08

Yo también, pero dar con el pelícano tras la corrediza del baño no es algo que incite a los versos. Es un hermoso ejemplar herido y enamorado; se me canta que en estas aves el amor es condición y lo otro, las lastimaduras, circunstancial. De dónde me viene lo del pelícano enamorado, viejo, en particular éste de hoy en mi baño recién pintado. El hijodemil debe haberse metido por el tragaluz desmontado, indiferente a las latitudes y temperaturas de esta ciudad de pajaritos. Y no se duele ni un poco, muy ufano con su pico naranja brillante y sus plumas y pinceles en la rusticidad de diseño de mi baño nuevo. Accidente o contingencia qué le importa al ave al chuparse por la escotilla de sol y posarse sobre el bidet como para empollar sonetos. La verdad es que suspendo enseguida la intención de llamarte para que me ayudes a restituir el orden en mi private, Racak. Preferiría acostarme boca abajo justo en el borde de la puerta, asomado desde una trinchera auténtica y de veras mía, y chumbarle plomo en el ceño con una escopeta. Me gustaría contar con un pelícano menos. Me gustaría mantener a raya al animal.

Discreto, cierro la puerta dejando al bicho adentro y me vuelvo al teclado renegando cualquier necesidad futura. Todo huele un poco a azufre: si el diablo también pergeña obras buenas vamos fritos en la certeza inmediata de todo juicio. Debería disponer la quema de la Mansión pero olvidé, si la hubo, la forma de la chispita planeada.

Además quiénes somos nosotros, Racak. Quiénes somos.

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Rema desde el palafito
x Puck, 21.May.08

Un fratricidio es cosa infame por más simiente que riegue; mejor es que un bárbaro pase a cuchillo gemelos y se instaure Solo. Ab urbe condita el primer gesto extranjero fue conservador: respetar el nombre de la ciudad aunque invirtiendo facciones. Es que la idea del recuento de aves le pareció original, y degolló a discreción y a reinar se puso. "Quien dice doce pájaros dice seis pájaros porque lo múltiple reproduce unidad —se le atribuye—: lo importante es que la loba amamante, y ahí te quiero ver."

Y sabemos que dio teta la loba por lustros, tantos, hasta su Menopla de Constantipausia. Pero olvidamos que diversos Solos reinaron entretanto en Rema mamando una ubre usurpada.

No fue el mérito menor de Phileas Horkmberg calibrar la historia de Rema bajo la hipótesis de que si un gran fracaso es delta de pequeñas islas visto de arriba, un fracaso más modesto será siempre ciudad visto desde acá.

No por eso el urbanismo nos seduce menos.

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Zuckerman ofendido
x Puck, 17.May.08

Caroline Benson, directora del Seminario Especial de Lengua Inglesa de la Universidad de Bass, impugnaba el amanerado uso de la palabra "humano" que el adolescente Nathan Zuckerman incluía en sus textos merced a una compulsión que por esos días, al menos a él, le resultaba insoslayable. Se trataba, por caso, de un ensayo sobre la histeria contenida en las novelas de Virginia Woolf, y allí constaban los tachones y anotaciones al margen de Miss Benson podando todas las "angustias humanas", "errores humanos" y "posibilidades humanas" que el buen Nathan, extasiado, chumbaba en sus argumentaciones sobre Mrs. Dalloway. Y Zuckerman respetaba tantísimo el juicio de su flamante mentora literaria, pero lo mismo no conseguía renegar del uso de la palabrita. Sin embargo, por esa época empieza a molestarle la profusión con que Sharon utiliza en sus cartas la palabra "falo". Aun cuando fue él mismo quien se la enseñó ni bien comenzaron su relación sexual, bastante zarpada para la época en los pacatos States, con la intención de que ella la usara mientras cojían o en el curso de las llamadas telefónicas previas que mantenían para excitarse recíprocamente. Sharon metía la palabra "falo" en cada una de sus parrafadas, muchas veces modificada por "gran" o "estupendo", y a Nathan eso empezó a hacerle ruido bastante antes de que se cumpliera el primer trimestre juntos. Cuando Sharon, deportista de la Universidad de Rhode Island, le escribe que "cada vez que la pelota saltaba sobre la red veía tu falo precioso sobre ella", a Zuckerman, que por lo demás no le cree, lo ofende tan despojada hipérbole.

Una cosa es recibir por correo "querido querido querido en lo único en que atinaba a pensar cuando estaba jugando al tenis y en la clase de gimnasia era en gatear por el cuarto y acercarme a tu falo y acercarle la cara lo quiero contra mis mejillas mis labios, mi lengua mi nariz mis ojos mis orejas y envolerlo en mi pelo". Otra cosa es leer en una edición de Random House "yes because he never did a thing like that before as ask to get his breakfast in bed with a couple of eggs since the City Arms hotel when he used to be pretending to be laid up with a sick voice doing his highness to make himself interesting to that old faggot Mrs Riordan".

(Todo esto según la primera de las Ficciones útiles, "Candor juvenil", extraída de los escritos de Peter Tarnopol según se anota en My Life as a Man de Philip Roth.)

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De sombreros y calzoncillos
x Kaminer, 10.May.08

Leo a veces con entusiasmo tanta cosa a tiro. Otras veces leo cuando no tengo ganas de nada; no sé si eso son ganas de leer. La relecturas por lo general me exigen largas citas.

Me acuerdo: estaba de espaldas, sudando, deshecho. Gemía despacio, con sacudidas bruscas que me exasperaban por un exceso de piedad, una piedad que acababa en cólera al verlo tan vencido, tan sordamente entregado.
Le lavé la cara con algodón y alcohol, lo enderecé, refrescándole las muñecas y los dedos, dándole masaje en los brazos. Ahora gemía menos, me miraba con cariño, un poco avergonzado, el pelo cayéndole por la frente. Lo peiné, lo hice instalarse cómodamente entre las almohadas. Olía a sudor y a ácido, a un comienzo de suciedad, como cera rancia. Cuando le traía café con leche y empezaba a dárselo en cucharaditas, la sangre le saltó de la nariz, un chorro incontenible. Tuve que echarle la cabeza hacia atrás, taponarlo con algodón; y los dolores volvían, y estaba como exasperado y espantado.
Después, aprovechando que tuve que irme dos días de Buenos Aires, entró en lo peor de su enfermedad y tuve el tiempo justo de verlo morirse una noche de salvaje luna blanca sobre el patio.
Me recuento esto porque cada día tengo más asco de nuestras amistades condicionadas. No creo que muchas resistieran una semana de convivencia física, de llevar trapos mojados, de enjugar vómitos.
Alguien me dice: "Me resultan inaceptables las amistades intelectuales." Sé muy bien lo que busca expresar. Quiere amigos, no colegas. Pero aún así, qué distancia a la amistad. En Buenos Aires yo no podría (porque sé que no debo) llegar de sopetón a la casa de mi mejor amigo; hay que telefonear primero, ceremoniosamente. Además no se debe buscar dos días seguidos al mismo amigo —por eso tenemos tres o cuatro y los turnamos, y nos turnamos—; probablemente la segunda visita sería aburrida. Cambiando apenas un dicho italiano: L'amico è come il pesce: dopo tre giorni, puzza.
La segunda visita es aburrida porque la primera sirvió y sobró para la ejecución de la función amistosa: viz, para intercambiar todas las informaciones y pareceres canjeables, agotar juntos un espectáculo o una música, y gozar del cariño viéndose. Como baterías descargadas, hay que esperar cuatro o cinco días a que la tensión retorne. "¡Pero qué ganas de verte!" Aquí llamamos discreción al montaje habilidoso de la indiferencia. Me asombra advertir que mi mejor amigo me quiere en el fondo sin saber por qué; por lo irracional del cariño, y por los fragmentos personales que le confío. Lo peor es que evitamos con elegancia, deportivamente y con una gran belleza, esas mostraciones de piel viva que cabe englobar en la atroz palabra confidencias. Pensar que ciertas cosas capitales en la vida de mi mejor amigo, las sé por terceros. Y aquí se roza el terreno de la especialización: no es raro que a otro (nada íntimo, por lo regular) le contemos sin temor lo que al amigo se calla. Hay un estante para sombreros y otro para calzoncillos.
No creo en los que tutean a los diez minutos y se tupac-amarutean una mujer a las dos horas. No creo en las confidencias, en la sexualidad verbal entre copas. Tuve pruebas de que vale menos que nuestra hidalga técnica del compartimiento estanco.
Sólo duele verificar, en plena compañía, tanta isla insalvable.

Julio Cortázar, Diario de Andrés Fava (1950).

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P-maniacas /8: The Traveling Botas
Post de la saga P-maniacas x Puck, 07.May.08

En 2004, fantasma póstumo, George Harrison se gana un lugar como solista en el Rock 'N' Roll Hall of Fame y allí se juntan su hijo, Tom Petty, Jeff Lynne y... Prince para tocar en vivo la celebérrima "While My Guitar Gently Weeps". Un par de horas antes de eso el mismo P., fantasma precoz, había agradecido con discurso y mini-show su propia entrada en el afamado museo. Pero de ese 15 de marzo no se recuerda su versión de "Kiss" o "Let's Go Crazy" sino el gran solo de guitarra que metió entre los demás para homenajear a Harrison.

Quien lo recuerda por ejemplo hoy es Diego, de Amor Entintado, con el correspondiente tube en el satélite Tumblr de su blog: Puchero de tinta.

Como coleccionista maniaco de toda nota que P. haya tocado solo o en compañía (y que alguien tuvo el buen tino de grabar, por derecha o izquierda), pienso que se trata de una de las más espectaculares performances en vivo de P. con su guitarra a la Hendrix. Son estas apariciones, muchas veces desconocidas, las que se me antojan exactas justificaciones de la figura del fulano como un músico enorme. Por lo demás, vale la pena mirar entero el video que linkeo, aunque más no sea para verificar la cara de fastidio y consternación del buen Petty cuando el petiso insolente de sombrero rojo entra en escena y lo hace desaparecer. Eso, y el entusiasmo de Dhani Harrison, y la evaporación de la guitarra tras el coito consumado.

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Método Horkmberg: enunciación final
Post de la saga Método Horkmberg x Rabensteiner, 30.Abr.08

El Método Horkmberg consiste en recordar aun lo que no sucedió. Usualmente es gran engranaje para antropólogos, historiadores y novelistas. Pero ocuparse de lo que no sucedió es ruina, y para ruina nos alcanza con lo que sí pasa.

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Método Horkmberg /2
Post de la saga Método Horkmberg x Rabensteiner, 26.Abr.08

Ya que el aura de la obra se extinguió hace tiempo como un sometido fantasma, dado que su aquí y ahora es apenas sospecha periodística de su dónde y cuándo, siendo que su fundamento cultual pervive si acaso por fuera de la mirada muerta del espectador, me duele tanto que esta imagen no consista en la manifestación irrepetible de una lejanía y por eso sobreactúo la ironía de un malcriado: diseño en PC unos volantes que sólo contienen esta otra foto de celular. Un poco vibrantes pero muy precisos se ven uno de los hombros desnudos de ella y un codo de camisa que reconozco mía. Su hombro, mi codo y, claro, el mechón de pelo, todo muy junto y sin espacio sobrante en el medio. Como una travesura candente de control evito cualquier contravención incluyendo el epígrafe: "No arroje este papel en la vía pública" y reparto los papelitos en los puntos neurálgicos.

Días atrás, cuando el titular de la cátedra le preguntó abriendo el examen si había preparado tema especial, ella dijo casi temblando: Sí. Sobre El arte en la era de la reproducción técnica, de Bajtín. Esta noticia fue mi primera prueba de que ella no está boicoteando mi Método. Simplemente lo desconoce.

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Método Horkmberg /1
Post de la saga Método Horkmberg x Rabensteiner, 23.Abr.08

Se trata de una foto muy de ahora, un jpg tomado con celular o así nomás con una cámara digital. Los colores son aberrantes, pero se la reconoce fácil a pesar del gorro de coya, un poncho, dos dientes pintados de negro y en las manos un cartelito ilegible. Encaja una cara como imitando a Séneca, muy seria. El único descuido de producción parece ser un mechón de pelo que cede sobre la mejilla derecha. Me ha informado que la foto tiene su origen en la pausa de una mañana de estudio.

Más tarde soy yo quien intenta justificaciones. En estos casos no sé qué decir, dice ella, o sea miente porque evidentemente sabe. Imaginar todos sabemos, silencio, y me decido por el Método Horkmberg y en adelante lo aplico.

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La función de los días
x Rabensteiner, 19.Abr.08

Sin mucha gana de ninguna cosa y respirando humo como nunca, camino hacia casa oyendo en mi LifeDrive la nueva caja de rarezas de los Eels bajo la vaga premisa de que hay que ir oyendo siempre de todo un poco independientemente de que el box set incluya versiones de "If I Was Your Girlfriend" y "I Could Never Take the Place of Your Man". En la pausa de silencio entre dos temas me llega otra música y pispeo hacia el cordón desencampanándome los auriculares. Una chica de no más de 20 años está lavando su Ka con felicidad evidente; el auto tiene las puertas abiertas y "Camafeo" de Spinetta llena buena parte de la cuadra.

Por cosas así sospecho que a mí el libre albedrío no me funciona del todo bien.

Nada de clásico: "Camafeo" siempre será una canción moderna.

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Birladas /15: Moby y su búsqueda de la palmera pindo
Post de la saga Birladas x Puck, 15.Abr.08

No es novedad que existen platenses que detestan las palmeras pindo como flora ornamental urbana. Ese odio excede en su objeto a los eventuales empleados de cierta repartición provincial que se obstinan año a año en tabularlas en los presupuestos mensuales. Los afanos de estas plantas en los espacios públicos son a esta altura tópicos de temporada y se disponen en una serie a veces velada y atómica, a veces furiosa y epidémica. Es tan natural para los vecinos de La Plata salir a la calle y encontrarse esas ridículas palmeras ahí en la plazoleta, ahí en la rambla de la avenida, como tomar nota, aburridos, de su flagrante falta al día siguiente. Lo cierto es que el único que se lamenta por estos repetidos hechos de vandalismo es el Director de Espacios Verdes y Arbolado local. Y no es que se lamente mucho, tampoco, porque el funcionario advierte más tarde o más temprano que así las cosas no tiene que forzar su competencia y buen gusto a la hora de pautar el próximo presupuesto. Las palmeras pindo no son más velozmente choreadas que repuestas.

De las pandillas encaprichadas con estas plantas, en cambio, no se sabe mucho. Suele juzgárselas con indulgencia porque al fin y al cabo una palmera pindo no es muy necesaria para ninguna cosa, sin mencionar que el metálico que se obtiene con la reventa de un mal transplante es más bien escaso. Afanos de esa calaña, por lo papafritas, no hacen sino despertar la curiosidad de los platenses aun en una época tan proclive a la denuncia de inseguridad. Pero la imaginación se desata, se sabe bien, más fácilmente que la justicia social. Hay los platenses herméticos que deslizan que robar las palmeras de las más importantes diagonales de La Plata tiene sin mucha vuelta su espesor semántico; hay los platenses sagaces que comentan el provecho comercial que el asunto entraña para los viveros de la zona inscriptos en el registro de proveedores estatales; y hay los platenses oficiosos, poquitos pero los hay, que arriesgan detalles inéditos sobre la factura de las pandillas de conciudadanos recolectores de palmeras pindo. Son estos últimos quienes revelan que todas esas hordas le deben lealtad a un único líder capitalino. Dicen que este paladín se deja llamar "Moby" y que el nombre no lo irrita aunque se trata de un joven y afanoso inmigrante boliviano. Dicen que no es odio ni lucro lo que lo impulsa sino una búsqueda. Dicen que el padre de Moby es traficante de palmeras pindo y que fugó a la Argentina tras la deforestación casi total del Valle de Los Yungas.

Dicen que Moby busca una palmera como Ahab buscaba esa ballena.

(Texto re-posteado debido a la caracterización de "inequívoca Birlada" que cierto lector atento nos hizo llegar. A él nuestros agradecimientos y simpatías.)

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